autwr
miércoles, 30 de enero de 2008
Errabundo inquilino en un edificio de la ciudad cómic-fantasma de San Narcos. Escritor aparecido en las antologías «Memorias del Ixtágel» del grupo literario Manantial de la ciudad de San Marcos, 2006; «Aldeas mis ojos» (compilación de Alan Mills)[1][2][3], del Centro Cultural Metropolitano Cuidad de Guatemala/CCE-, 2007; «Sin Casaca»[1][2][3], Centro Cultural de España, 2008; «Tránsito de fuego» (compilación de Raquel Molina y traducción al portugués de Gladys Mendía), Casa Nacional de la Letras Andrés Bello, Venezuela, 2009; y en el libro de ensayos «Escrituras, Polimorfías e Identidades» (compilación de Paula Viturro), Libros del Rojas, Argentina, 2009. Ha publicado «Los Magos del Crepúsculo [y blues otra vez]» (Editorial Cultura, 2005) y «Remembranzas del Recuerdo» (San Marquitos Editores, 2007). Colabora en medios digitales y alguna vez fue co-editor de Revista Genérica en El Salvador (www.proyectogenerica.org). Ha participado en medios como Sala de Redacción, Revista Universidad, El Pregón del Valle e Identidad Shecana. Participó en el «I Festival de Juglares “Arquímedes Cruz”» (El Salvador 2006), en el «IV Encuentro Internacional de poesía “El Turno del Ofendido”», (El Salvador 2007), «IV Festival Internacional de Poesía de Granada (Nicaragua 2008), y en «TransAmérica: Otras formas de confrontar las porosas fronteras de la post-modernidad», (centro cultural de España, Buenos Aires, Argentina, octubre 2007).
Foto: Tatyana Klein.
---
El afán significante en la poesía de González proviene de un diestro manejo de la ironía como recurso y como epifanía, de un deslizar constante, rítmico, vertiginoso, por los múltiples niveles hermenéuticos de la enunciación, de la articulación coloquial de un discurso que resulta literario.
Ronald Flores.
Wingston González habla desde adentro, con honestidad, desde eso que los asiáticos llaman plexo y los occidentales corazón. Y si algo exigimos a la poesía es autenticidad, tal como la trasluce WG. De manera que podríamos exclamar: Ha nacido un Monstruo.
Juan Carlos Lemus.
También en su poema “Año Nuevo” se festeja ese ritual exótico de la fiesta negra, de los estereotipos que le rodean, pero de otro modo; ahora las onomatopeyas ya no existirán sobre el cuero del tambor y el yancunú de los máscaros, su danza. Ahora la celebración vacía, sin sentido, cae bajo la desesperanza de los ritos urbanos: New York, el cine, las cámaras. Dice en otro poema: “Estamos más perturbados/ que el pueblo de Dios/ bailando salsa en Jericó”.
Sonia Marcus Gaia —sobre un poema de «Cafeínamc»
Ninguna de las personas con las que yo trato tiene el nivel humano ni la educación para pensar siquiera en hablar en ese tono.
Issa Martínez —sobre «Remembranza del recuerdo» (San Marquitos Editores, 2007)
En este libro [Los magos del crepúsculo (y blues otra vez)] sorprende la apuesta por un diálogo neo-barroco entre diversas hibridaciones (lo pop, la posmodernidad, la alta cultura, lo antiguo, etc.) como síntoma principal, esquivando así el previsible encasillamiento dentro de una “poesía étnica” (“garífuna”, para el caso) que propusiera algún ensalmo de bucolismo sumado a misticismo afro o alguna otra desinencia al uso.
Alan Mills
Así es como muchos de los textos que forman “Los magos del crepúsculo (y blues otra vez)” están en la esquina próxima, donde su autor, Wingston González, hace visible aquella poesía cifrada en las cosas más elementales y comunes de cada día. Se trata de una colección de poemas cargados de una fuerte e insobornable sencillez.
Javier Payeras
Los magos del crepúsculo, libro de excesos, de juegos, de danzas de lenguaje, invita a revisar la relación lenguaje y poesía, invoca la presencia de una rebelión estética, y la construcción de un corpus poético alternativo en la accidentada tradición poética guatemalteca.
Julio Serrano —en «Revista Universidad»
porWingston González
a las
13:50
1 DEMANDANTES:
Publicar un comentario en la entrada
Wingston, de corazón, ¡felicidades por tantos logros! Seguí adelante.